El debate del mes

La Semana Santa de Sevilla, ¿en decadencia?

De nuestros autores en el primer número:

Carlos Navarro Antolín: A más decadencia, más cofradías. A más decadencia, más desfiles que consagran el bandismo imperante que enaltece lo secundario y convierte en sustancial lo complementario. A más decadencia, más subvenciones que anestesian (…). La decadencia se enmascara en una suerte de capa envolvente que no deja ver la triste realidad. ¿Se nos rompió la Semana Santa de tanto usarla?

José León-Castro Alonso: ¿Será que las cofradías y la Semana Santa están mucho más de moda e interesan mucho más que su momento culminante que no puede ni debe ser otro que la Pascua de Resurrección, y con ella nuestra propia Salvación?

Javier González-Cotta: No hablo, pues, de la Semana Santa maleada por sus hechuras de formas externas, aunque éstas sean hoy un tanto chirigoteras, pero no por escasez o por falta de medios, sino al contrario, mayormente por riqueza y engolamiento. Me refiero a las cofradías que atosigan su propio mundo no aireado y el de la ciudad, de la cual creen que forman un cóctel social parejo al cuerpo civil de otras corporaciones.

Javier Rubio: Idéntica condición de espectáculo externo es la que anida tras la proliferación de sillitas plegables con las que millares de sevillanos esperan la llegadas de los pasos privatizando, en beneficio propio, el espacio común que hasta entonces se había extendido inexpropiable porque era un bien de todos.

Ricardo Suárez: ¿Quién frena esa cohorte de estetas pretenciosos e ignorantes que de forma directa y también subliminal inculcan un supuesto concepto de belleza repetitivo, manido y sobre todo carente de contenido?

Francisco J. López de Paz: Hoy para componer no hace falta saber de música. Con saber silbar es suficiente. Uno crea la melodía, se la canta al experto y le hace el encargo de que se la pase a una partitura o le realice una orquestación.

Alfonso Pedrosa: Esto es, una bunkerización de las hermandades y su discurso, conducirá a su aislamiento en sus cuarteles de invierno y, quizá, a su desaparición por inanición, por desconexión del entorno, ya que sus propuestas se tornarán un día ininteligibles fuera de su recinto protector.

Qué piensan ustedes, sólo ustedes nos lo pueden decir.

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  1. febrero 18, 2010 en 10:23 am

    Desde que músicos que no conocían a Verdi se sientan a exponer sus insufribles melodías al estilo de la sinfónica, desde que no se oye “Cristo del Amor” en la Campana, desde que los costaleros se exhiben más que respetan, algunos, ojo. Desde que lo chabacano arropado por aplausos y vítores de algunos fanáticos han desbancado a lo fino, a lo “que bien se mueven los pasos andando sobre los pies” que dría, muy acertadamente, Garrido Bustamante, a lo sentido, a Ione, a Jesús de la Penas, al capataz que se para delante del paso y cruza los brazos demostrando su respetuoso poder, desde que se ocupa el atril del Maestranza para hacer reir, o para mezclar el tocino con la velocidad, es decir, la política con escenificar una esquina a los sones de “Virgen de las Aguas”, que es lo suyo, desde que la Semana Santa se ha desmembrado y se ha convertido en varias maneras de entenderla. Pienso que cada sevillano encuentra su particular Semana Santa y todos cabemos en ella, y si se topa con aquello que le molesta, cierra los ojos y se da la vuelta. En todo esto hay poco de religiosidad y mucho de hipocresía.

  2. febrero 27, 2010 en 7:21 pm

    Alonso cuando era niño solía acompañar a su tío a los ensayos de los pasos. Me recuerda constantemente que algunas cuadrillas se veían mermadas en número, y suele comentarme el sufrimiento de su tío cuando muchas tardes de primavera se presentaban no más de cuarenta hombres para hacer un retranqueo o para un ensayo. Era uno de esos barcos que ahora tienen lista de espera y crean colas en las puertas de la casa hermandad en cada primera cita anual con los hombre de abajo. Sí, una de esas hermandades que plantan en la carrera oficial cifras de nazarenos que hacen imposible el paso de toda la cofradía en el tiempo estipulado. Y ahora a todo esto le llaman problemas de la Semana Santa, y eso le cabrea a Alonso. Y lo entiendo porque problemas, problemas de verdad, esos son los que tenía su tío para poner un paso en la calle.

    Publicado en http://lacuarentenasevillana.blogspot.com/2010/02/quedan-34-dias.html

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